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¿Qué hay en el garaje de Richard Hammond?

Continuando con el repaso a los coches que se encuentran en los garajes de los presentadores de Top Gear, hoy le toca el turno al más joven de los tres, Richard Hammond. El Hammster tiene la colección de automóviles más larga de los componentes del trío calavera, y es debido en parte a la intensa relación que traba con los coches que ha utilizado durante los años en los distintos retos que desde el programa se les han ido planteando.

Así pues, comencemos el repaso, empezando por los dos coches más excéntricos de su colección: los Morgan Aeromax y Roadster que se encuentran en su garaje.

Morgan Roadster

Morgan Aeromax

Como decía, Hammond suele tejer fuertes vínculos con los coches que utiliza en los retos que se les plantean en el programa. Es por eso que restauró (para luego venderlo) el Ferrari Dino que utilizó en el reto de los deportivos italianos baratos, y también es por eso que constan en su colección actualmente un Opel Kadett de 1963 (también conocido como Oliver), recuerdo de su viaje a través de Botswana y el Lanchester LJ200 que utilizó en el rallye de clásicos de Mallorca y que según sus datos, construyó su abuelo.

Lanchester LJ200

Oliver!

Un punto en común entre Richard, Jeremy y James es su predilección por los Land Rover. Entre los que tiene el Hamster constan uno de la primera generación y otro de la segunda, además de un Defender al que por lo visto le ha metido bastante mano.

Land Rover, serie I

Land Rover, serie II

Land Rover Defender 110

También es conocido su gusto por los muscle cars americanos, y como representante de esta estirpe se encuentra en su garaje un Ford Mustang GT390 de 1968.


Un año más joven es el Jaguar E-type que también posee.


Finalmente, comentar los tres coches más actuales que posee. Como no podía ser de otra manera, Richard Hammond posee en su garaje un Porsche 911, en concreto un Carrera S.


Otros coches "modernos" que también se cuentan entre sus posesiones son un Ferrari 550 Maranello y un Aston Martin DBS Volante.



Además de todo esto, posee varias motocicletas, entre las que se encuentran varias Harley Davidson y una Suzuki Hayabusa.

Y yo me pregunto: ¿en qué garaje se puede meter todo esto? Si parece el de Jay Leno!

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Richard Hammond siente el miedo

No es casualidad que algunos coches tengan una apariencia aterradora. Hay algunos trucos muy específicos que los diseñadores añaden a sus creaciones para sugerir agresión y actitud, dando una sensación de poder brutal y primitivo. No sé cuales son esos trucos exactamente, ni sé como sentarme delante de un programa de creación de gráficos y diseñar un superdeportivo amenazador, de igual manera que no podría sino mandar directo al desguace un Murciélago LP670-4 SV si intentara ponerlo al límite en Nurburgring. Pero sé que estos trucos existen, igual que lo sabemos todos. Y creo que incluyen cosas como esas enormes tomas de aire que parecen que quieren engullirnos y que sugieren un hambre insaciable, así como esos pasos de rueda gigantescos que ocultan las enormes ruedas traseras, mientras que la cintura del coche es mucho más estrecha, dando la sensación de que así mantiene a raya el demonio que lleva dentro.

Lamborghini Murciélago LP670-4 SV

Son trucos, por supuesto: el superdeportivo más amenazador podría haberse diseñado para parecer tan inofensivo como una cría de delfín, y seguir funcionando a la perfección. Pero siempre caemos víctimas de esos trucos, nos vemos hipnotizados por una cara de odio y unas cuantas líneas rectas que cortan curvas musculosas.

Cuando me subí en el Murciélago LP670-4 SV que conduje el año pasado, lo hice con la misma confianza que tendría una cabra al ir a tocarle las pelotas a un T. Rex. Al encenderlo, cerré mis ojos y me puse a rezar en silencio. Si algo salía mal sería muy caro, bastante peligro y sobre todo, enormemente avergonzante. En apenas unos segundos el miedo se convirtió en respeto, y después en entusiasmo. Allí estaba pisando a fondo el acelerador, peleando con el volante y tirándolo a las curvas con alegre abandono, perdido en un mundo de equilibrio, potencia, control y un ruido ensordecedor.

Si se le suavizaran un par de entradas de aire, redondearan un par de esquinas y una o dos líneas rectas, me hubiera subido al Murciélago jugueteando con las llaves, sin esa sensación de temor al acercame a algo que parece que se va a levantar y arrancarme la cabeza de cuajo. Pero no creo que todos estos trucos de los que hablo estén ahí solo para que sus afortunados dueños puedan impresionar a los simples mortales: creo que en el fondo, los conductores queremos pasar miedo.

Yo sé que quiero pasar miedo. He pasado mucho miedo en algunos de los coches que han pasado por TopGear, muchas veces antes incluso de subirme a ellos. Es una sensación bastante cruel: estar tumbado en la cama de algún hotel barato sabiendo que al día siguiente tengo que acudir a una pista de carreras donde tendré que meter mi culo en algo que, con toda seguridad, habrá acabado conmigo antes incluso de poner la llave en el contacto. He pasado por estados de agitación en los que no podía dejar de sudar pensando en que el coche de turno, como el Renault de Formula 1 que conduje hace unos años, estaba esperándome, pensando en lo que me iba a hacer por la mañana. Y nada de lo que me fuera a hacer iba a ser divertido. O indoloro.

Por supuesto, en una ocasión en particular un maldito cacharro me atacó e intentó acabar conmigo. La noche que pasé antes de conducir cierto coche propulsado por una turbina en 2006 tengo que admitir que fue muy larga, algo así como 86 horas mirando fijamente al techo, imaginando lo que podía ser atarme a una turbina y ponerme a velocidades que se escriben con números de tres cifras, siendo el primero mayor que 2 (y que 3). En aquel momento, entre todos los ruidos y los mandos desconocidos y el terror, sentí algo realmente maravilloso, cautivador, y el mayor subidón de adrenalina que jamás he experimentado. Y no fue solo por la velocidad: fue la sensación de alcanzar mis límites lo que me hizo sentirme más vivo, más en contacto con lo que es tener un corazón latiendo en el pecho y un montón de neuronas conectando dentro de mi cabeza de lo que jamás había sentido.

Y después de esto me desperté en la cama de un hospital convencido de que estaba en una fiesta y de que mi mujer era francesa. Sí, aquello salió mal. Y no, no volvería a conducir un coche como aquel. Pero, y esto es lo principal, si que volvería a azuzar a otro monstruo como ese. Y lo he hecho muchas, muchas veces desde entonces: me subí en pleno desierto en un Bowler Nemesis que parecía que iba a abrir un ojo y me iba a devorar de un bocado. También atrevesé a toda velocidad las llanuras saladas de Bonneville. Esta mañana mismo, he rodado unas cien millas a lo largo de enrevesadas carreteras a bordo de una Suzuki Hayabusa que podría, en manos de un profesional, llevarme a la luna. Y este mes me subí a un helicóptero, lo encendí y me elevé al cielo sin la ayuda de nadie por primera vez en mi vida.

La Suzuki Hayabusa de la que habla Richard Hammond

Eso es lo que me pasa, me gusta estar asustado... a todos nos gusta que nos asusten. Somos felices mientras en nuestra imaginación nos acechan siniestros monstruos de cuatro ruedas que quieren maltratarnos: son los nidos de avispas a los que nos acercábamos con un palo cuando éramos niños. Esto no es como pasear un perro peligroso con una cadena para impresionar a otros miembros de nuestro grupo. Es ver quien tiene cojones como para meterse en la jaula de ese perro y ponerse en su piel. Y después poder salir para contarlo.

Fuente original: Top Gear
Traducción libre de un servidor

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Jugando con el Hammster (II)

Como hemos visto en alguna ocasión, Richard Hammond tiene un punto de ingenuidad que lo hace adorable. Ese punto inocente ya vimos como lo aprovecharon en Top Gear para gastarle una pequeña broma, en la cual era hipnotizado y olvidaba por completo como conducir un coche, o creía que un cochecito a pedales era su nuevo 911.

La verdad es que estas bromas son mera anécdota comparadas con la que le gastaron en Petrolheads, un programa de la BBC que apenas duraría seis episodios y que contaba entre sus presentadores habituales el Hammster. Cada semana recibian la visita de un par de famosos que formaban equipo con dos "capitanes", siendo uno de ellos Richard Hammond.

Entre las pruebas a las que se veían sometidos tanto los invitados como los capitanes de equipo, estaba el aparcamiento a ciegas. El mecanismo de la misma era muy sencillo: a uno de los componentes del equipo lo cegaban con una venda, se le metía en un coche y se le hacía aparcar en línea mediante las indicaciones de su compañero. Está claro que si los coches que utilizan están para el desguace no pasa nada por rascar un poco de pintura, ¿pero y si el coche contra el que te estrellas es un Ferrari que has comprado para unos de los míticos retos de Top Gear y reconstruído con tu propio dinero?



Como podéis ver, la reacción de Richard es bastante espontánea, aunque no me atrevería a decir que no estuviera todo preparado y el Hammster sea un buen actor. ¿Qué opináis vosotros?

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El ACCIDENTE, con mayúsculas

Hace unos días comentaba como se había propagado la noticia de la muerte de Jeremy Clarkson, aún siendo simplemente un rumor infundando. En cambio, la noticia de la muerte de otro de los presentadores de Top Gear, Richard Hammond, estuvo mucho más cerca de convertirse en realidad.

En septiembre de 2006, como parte de la novena temporada de TG, Hammond se puso al volante del dragster Vampire, un coche con propulsión a chorro, con una velocidad máxima teórica cercana a los 600 km/h. La prueba estaba yendo sin problemas, consiguiendo alcanzar velocidades superiores a los 500 km/h, pero durante la última de las pasadas, sucedió lo impredecible (minuto 7:30 del vídeo): uno de los neumáticos delanteros del Vampire explotó, y el vehículo quedó fuera de control a una velocidad de 465 km/h, dando posteriormente varias vueltas de campana y terminando incrustado boca abajo en el césped que había junto a la pista.


Es irónico que poco antes de estrellarse, Richard dice textualmente "tengo a mi disposición 10000 CV, posiblemente éste sería el mayor accidente que habréis visto en vuestra vida".

Tan pronto como fue posible, el Hamster sería evacuado al hospital universitario de Leeds, donde llegaría consciente y se le diagnosticarían lesiones cerebrales que afectaron a su memoria a corto plazo, y le provocaron depresión y problemas para expresar sus emociones. Milagrosamente, apenas 6 meses después del accidente, y tras aplazarse hasta que Richard se viera capacitado para hacerlo, Hammond volvía a las pantallas en el estreno de la novena temporada del programa, en el que se mostraron las imágenes del accidente que habéis podido ver un poco más arriba.

Posteriormente reconocería que se había precipitado en su vuelta ante las cámaras, pero quizás si no lo hubiera hecho, ahora mismo este blog no existiría, ni Top Gear estaría en estos momentos preparando una nueva temporada.

Por todo esto creo que este es el ACCIDENTE, con mayúsculas, de Top Gear.

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Jugando con el Hamster

Ya sea por ser el más joven de los tres presentadores de Top Gear, por su "juvenil" apariencia, o por no llegarle al hombre a Jeremy Clarkson, Richard Hammond ha sido en estos años objeto de montones de bromas por parte de sus compañeros de programa. También por ser el más joven ha realizado retos para los que Jeremy y James puede que no estuvieran capacitados físicamente, y algún buen susto le ha costado. El caso es que al final el apodo de 'el Hamster' ha ido calando. Y bueno, con los hamsters se suele jugar, ¿no?

Una de esas bromas vino dada por la visita al programa de Paul McKenna, un conocido hipnotizador británico que participaba en la sección Star in a reasonably-priced car. Aprovechando su "don", hicieron que acompañara a Richard a probar un Alfa Romeo 147 GTA: antes de llegar a subirse al Alfa, McKenna hipnotizaba a Hammond, haciendo que éste olvidara por completo como se conducía un coche. Tanto es así, que creía que el cambio de marchas era una especie de joystick con el que manejar el coche, y ni siquiera recordaba como ponerlo marcha. Pero mejor que que yo os lo cuente, es poder verlo:



Esto es solo el principio, porque una vez visto el vídeo en el programa, McKenna volvería a hipnotizar al 'Hamster'. Esta vez, le haría creer que un pequeño Porsche a pedales era su nuevo 911 Turbo, recién salido del concesionario. Inmediatamente Richard se daba una vuelta por el estudio a bordo de su "bólido", contra el que Jeremy chocaría un Jeep Cherokee, también de juguete. El cabreo de Richard -"me has jodido el primer coche nuevo que he tenido en mi vida", llega a decir- es digno de Óscar, si es que estaba actuando, que hasta cierto punto lo dudo.


¿A qué es divertido jugar con el Hamster? ;-)

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Top Gear en el Rallye Clásico Isla Mallorca

Durante los pasados días 18, 19, 20 y 21 de marzo se ha disputado el Rallye Clásico Isla Mallorca, con tres participantes muy especiales, y es que como ya comenté anteriormente, los presentadores de Top Gear Jeremy Clarkson, Richard Hammond y James May han tomado parte en él. En concreto, han participado en la categoría de regularidad del rallye.

Para quien no lo sepa, esta categoría de rallyes clásicos consiste en recorrer una serie de tramos con distancia predeterminada a una media de velocidad constante, que no superará en ningún caso los 50 km/h. Por ejemplo, para cubrir un tramo cuya longitud es de 20 kilómetros, con una velocidad media establecida de 40 km/h, se dispondrá de 30 minutos. Pero no es tan sencillo, porque se debe intentar mantener durante todo el tramo esta velocidad preestablecida, dado que se colocan controles en puntos desconocidos para los participantes, en los que se compara el tiempo de paso teórico a la velocidad establecida con el tiempo de paso real, penalizando a los infractores con tantos puntos como segundos se pase antes o después de dicho tiempo teórico. Otras penalizaciones tendrán que ver con detenciones durante los tramos, o con saltarse algún control durante los mismos. Así pues, el piloto que acumule menos puntos durante los distintos tramos, es el vencedor final del rallye.

Volviendo al tema que nos ocupa, en este tipo de rallyes pueden participar automóviles con más de 25 años de antigüedad, pero menos de 50, por lo que en el Isla Mallorca se han podido ver, sólo en la categoría de regularidad (la categoría de competición todavía es más espectacular) coches clásicos como los Renault Alpine, Lancia Stratos, Lotus Sprit y Elan, Ford Mustang o Shelby Cobra, entre otros.

Los coches elegidos por Jeremy, Richard y James quizás no tengan tango pedigrí como los anteriormente citados, pero se podría decir que tienen más carácter. Por ejemplo, Jeremy ha utilizado un Austin Healy Sprite, un pequeño deportivo británico de los años 60. Aquí podéis ver a Jezza en acción.


Y aquí en un momento de asueto, echando un cigarrito.


Por su parte, Richard Hammond ha participado a bordo de un Lanchester LJ 200, producido a principios de los años 50. Éste es un modelo relativamente raro, ya que su producción apenas superó los 2000 ejemplares, y poco después de su comercialización, Lanchester desaparecería como marca, integrándose dentro de Daimler. La verdad es que es un coche que destaca entre el resto de participantes por su sobriedad, aunque tiene cierto historial en rallyes, ya que algunas unidades de este modelo participaron en el Montecarlo de 1953. Aquí podemos ver a Hammster en acción.


Por último, James ha escogido el modelo más "alegre" de los tres: un Citroën Ami 8, en un precioso color ¿azul turquesa? Ami de amigo en francés, por si alguien tiene la duda. Este modelo fue lanzado por la marca francesa a principios de los años 60, y continuaría en producción hasta finales de los 70. Eso sí, no creo que nunca destacase por sus cualidades dinámicas...


También hay que reconocer que, por lo visto, James ha cargado en el maletero del Ami todas las herramientas que hay en su garaje (y no son pocas), lo que seguramente penalizaría todavía más su manejabilidad.


Conociendo lo competitivos que son los tres, no me gustaría estar en la piel de los perdedores al finalizar el rallye, aunque por lo que he podido ver en las clasificaciones del rallye, ha sido Jeremy quien se ha llevado el gato al agua, seguido de James, quedando Richard en último lugar.

Por cierto, si os habéis fijado, en algunas de las fotos se puede apreciar que sus monturas cuentan con minicámaras, de modo que el resultado de sus correrías mallorquinas lo podremos ver en junio, en la decimotercera temporada de Top Gear.

Podéis encontrar más fotos de la participación del "trío calavera" aquí y aquí.

Gracias por las fotos, Óscar!!!

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Total wipeout

Como decía hace algunas semanas, el mundo de los presentadores de Top Gear no se acaba en el programa, si no que tienen numerosos proyectos, algunos de ellos completamente alejados de cualquiera aroma a gasolina. En concreto, Richard Hammond es ya un habitual de los programas de tarde y prime time británicos, y en esta ocasión presenta la versión inglesa del programa Total Wipeout, o Guaypout, en su versión españolizada, que se emite en Telecinco.

El programa original, titulado simplemente Wipeout, no es más que una actualización de otro anteriores como Humor Amarillo (hasta el punto que han sido denunciados por plagio por una cadena de televisión japonesa) que tantos buenos ratos nos hiciera pasar a muchos en nuestra infancia, en los primeros años de esta cadena privada, y que posteriormente recuperaría Cuatro.

"Creado" por la cadena de televisión estadounidense ABC, se ha convertido en el país de las barras y estrellas en un auténtico éxito de audiencia (hasta el punto de que van a intentar hacerle la competencia a la intocable Super Bowl), lo que ha llevado a la creación de versiones locales en multitud de países, como Suecia, Dinamarca, Noruega, Alemania, Bélgica, Australia, Irak, Kuwait, Oman, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Yemen, Holanda, Turquía, Croacia, Israel, Portugal, Grecia, Finlandia, y por supuesto, Gran Bretaña, donde ha sido la BBC el canal escogido para emitir el programa, utilizando a Hamster como comentarista de las peripecias de los concursantes a lo largo de las diferentes pruebas a las que se han de enfrentar

Para haceros una idea de que va el programa, os dejo con este vídeo, comentado por Richard Hammond, en el que una señorita bastante pasada de kilos se enfrenta a la pista de Total Wipeout:



En resumen, hostias a tutiplén en una especie de pista americana a la que se enfrentarán los concursantes que, no se sabe muy bien porqué, les parece bien que les puteen hasta el infinito por un ridículo premio.

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